Oculta Lit

Cuando una cabeza y un libro chocan y suena a hueco, ¿es culpa del libro?

El pasado miércoles 8 de febrero se publicaba una crítica sobre la nueva edición de Sexto Piso de la poesía completa del poeta cubano José Lezama Lima (1910-1976). En el artículo, publicado en Estado Crítico, el traductor y poeta Antonio Rivero Taravillo decía que «Lezama no fue un gran poeta». Conforme avanzaba la lectura del artículo aumentaba la dosis de despropósitos: «verborragia aguda», «asociaciones caprichosas», «neobarroca superficialidad» o la guinda del pastel, «poesía hueca», eran algunas de las perlas que pretendían describir la obra del poeta cubano.

A tenor de este artículo, no he podido evitar preguntarme lo siguiente: ¿Por qué un poeta y crítico español, con sobrada experiencia y recorrido, hace una lectura tan aparentemente pobre de la poesía de Lezama Lima?

En un país como en nuestro, en el que en las últimas décadas la poesía ha ido empobreciéndose y perdiendo profundidad paulatinamente en un ejercicio de pauperización que no se ha dado en ningún otro país hispanohablante, pareciera que los lectores (tanto como la crítica) se han malacostumbrado, han involucionado, han sido incapaces de aprender a disfrutar y admirar lecturas más complejas, como es sin duda la de Lezama Lima.

En un país como el nuestro, pareciera que los poetas llevan dormidos en los laureles mucho tiempo, rodeados de poéticas planas y despreciando (sobre todo como lectores) los lenguajes más elaborados, encerrándose así en una especie de burbuja ibérica que los ha ido dejando atrás, muy atrás, con respecto a los poetas latinoamericanos.

Poca comunicación con el lado de allá, poco diálogo.

Entiendo que no todos tengamos los mismos gustos, y mucho más lo entiendo si de poesía se trata, madre de la cognición subjetiva, pero creo que la reseña sobre la poesía completa de Lezama Lima (y los comentarios que la secundan) es solo la punta del iceberg, la demostración de que detrás de ella existe una gran masa de agentes poéticos que desprecian (por educación poética, más que por otra cosa) las poéticas más complejas y complicadas.

Es una barbaridad denominar como «hueca» la poesía de José Lezama Lima. Puedes tacharlo de aburrido (por el tamaño de su obra, por su irregularidad, etc), pero hacer esas apreciaciones tan categóricas como las mentadas demuestran por extensión que en España tenemos unas limitaciones casi intrínsecas que nos lastran artísticamente de una manera pavorosa.

Sin duda, el comentario al artículo que mejor resume esta idea es el que dice «Lichtenberg: Cuando una cabeza y un libro chocan y suena a hueco, ¿es culpa del libro?».

De hecho, y yendo un poco más lejos, podríamos relacionar perfectamente la reseña de Rivero Taravillo con esa proliferación de «los nuevos poetas» y de la poesía best seller (de la que se ha hablado largamente en esta revista) y no resultaría muy difícil deducir algunas de las causas que los unen. Una vez más, el empobrecimiento del aparato crítico aparejado a un mayor empobrecimiento educativo y lector.

No puedo terminar este artículo sin resaltar lo curioso que resulta que la misma persona que dio pie a la crítica de «los nuevos poetas» con su comentario en Facebook sobre «la lista de poetas sin poetas», hoy nos dé algunas pistas sobre sus causas con su propia experiencia como lector.

 


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