Ana Carolina Quiñonez Salpietro (Lima, 1988). Máster en Estudios de Cine y Audiovisual Contemporáneo por la Universidad Pompeu Fabra (España). Licenciada en Comunicación por la Universidad de Lima (Perú), donde se desempeñó como asistente de cátedra. Se graduó con una tesis sobre los ritos de pasaje en el cine de Sofía Coppola. En 2010, publicó el poemario «Cuentos tristes que esperan las chicas antes de salir a bailar» con la editorial peruana Estruendomudo. En 2012, publicó con la editorial argentina Vox el libro «Vacaciones de Invierno», ganador del premio Luces de «El Comercio» en la categoría “mejor libro de poesía”. Escribe una columna quincenal de cine en la revista “Cosas” y colabora con el suplemento cultural “El Dominical”, del diario El Comercio. Ha colaborado en publicaciones periodísticas como “Caretas” y “El Profesional”, y académicas como “Un vicio absurdo” y “La ventana indiscreta”. Actualmente vive en Barcelona y prepara un poemario sobre la vida en el hipódromo.
La piel del caballo
El niño
conoce de memoria
la entrada a un invernadero
ahí se refugia
del ruido de su padre
y se pasea
como un caballo
no busca ser invisible
pero tampoco espera
que lo reciban
con las puertas abiertas
y para esconderse
come cebada
camina aplastando los herrajes
De «Vacaciones de invierno » (Vox, 2012; Ediciones Liliputienses, 2018).
Hacerse mayor
1.
Jugábamos con llantas viejas
sudábamos
vivíamos con gripe
nadie se desvivía por curarnos.
Íbamos a la acequia
en cuclillas.
lanzábamos barcos
hechos de madera
una gillette como vela.
Los grandes apostaban
y peleaban
los chicos los imitábamos.
Había que defenderse.
Yo lo hice
por encima de mis fuerzas.
Mi papá era el más grande
pero nunca se lo dije.
No me aconsejaba
me miraba
y yo lo miraba.
Ningún caballo se le escapaba
sabía acercarse
apretar las rodillas
sujetar las riendas
y soltarlas con confianza.
2.
Al fondo había una pista de arcilla
que se usaba como cancha de fútbol.
Cuando tuve ocho
me retaron.
Fui de noche
y crucé al otro lado
era oscuro y frío
había lechuzas y lagartijas
y los ruidos de un caballo
escapado.
Allí
me probé que era su hijo
empecé a hacerme mayor.
De «Matacaballos». Poema inédito.
Frontera
Erasmo era un gran muchacho
era indomable
un terremoto
así nació.
Nosotros éramos débiles
exigíamos,
éramos cinco
la vida no era justa
ni las oportunidades iguales.
Trotábamos con el estómago vacío
no tomábamos agua
no retrocedíamos.
Difícil ser un hombre como él.
Jalonear
los caballos
morder
la neblina
meter brazo
poner el cuerpo
hacer bulto.
En las caballerizas
algo siempre resoplaba
pero no lo podíamos ver
LOS ESPACIOS ABIERTOS
LAS GRANDES ESPERANZAS
LOS GRANDES SENTIMIENTOS.
Erasmo era duro
su fortaleza venía de adentro
se bañaba con los caballos
no tenía miedo
braceaba
esquivaba patas
y movimientos bruscos
nada podía aplastarlo
nadie agarra así
a sus hijos
ni les habla
como un preparador
en un trabajo intenso
antes de la carrera
¡Aprieta más el paso!
¡No lo dejes respirar!
Y nosotros lo amábamos
como se ama
Lo que no se deja acariciar.
De «Matacaballos». Poema inédito.
[ De cerca…]
De cerca
Pareces una mudanza
En la que se pierden cajas
Y te resignas
De «Vacaciones de invierno » (Vox, 2012; Ediciones Liliputienses 2018).
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